Caso de taller
Un proyecto concreto para ordenar la recepción de piezas, el registro de diagnósticos y la comunicación con cada cliente durante una restauración.
En el taller convivían dos realidades: las piezas que llegaban con urgencia y las que esperaban turno durante meses. Sin un registro unificado, era fácil perder el rastro de una moldura encargada o de una unión que requería una segunda revisión. El portal nació para darle orden a ese flujo sin quitarle el trato personal a la atención.
La idea no era digitalizar el oficio, sino acompañar el proceso manual con información clara. Se definieron tres momentos clave: la recepción de la pieza, el diagnóstico técnico y la entrega con pautas de conservación. Cada cliente recibe un resumen breve de lo que se encontró y de los pasos que se van a seguir, sin tecnicismos innecesarios.
Se trabajó con fichas impresas y un cuaderno de taller durante las primeras semanas para ajustar los campos a la realidad del trabajo. Recién después se pasó a un registro digital simple, pensado para consultarse desde el banco de trabajo. La clave fue mantener la flexibilidad: cada pieza tiene particularidades que no siempre encajan en un formulario.
Hoy el cliente sabe en qué etapa está su mueble y qué trabajo se realizó sobre la madera. Para el taller, el portal redujo las consultas repetidas y dejó un historial útil para futuras intervenciones. La próxima pieza que vuelve por mantenimiento ya tiene su antecedente completo, lo que agiliza el diagnóstico y evita sorpresas.
El proyecto se documentó con las fichas de ingreso utilizadas en tres restauraciones recientes: un bargueño con uniones flojas, una mesa de roble con la superficie desgastada y una cómoda de cedro con daños por humedad. Cada caso permitió ajustar el formato y confirmar que la información llegaba clara al cliente.